En ese sitio maldito donde reina la tristeza…reflexiones sobre las cárceles de animales humanos y no humanos

Un edificio inmenso en medio de ninguna parte, grandes muros de hormigón, alambre de espino. Individuos privados de su libertad, las horas contadas, la comida insí­pida, pequeños compartimentos en los que apenas pueden moverse. Individuos que sufren, que quieren escapar, que escapan y se rebelan. Gente que dedica su tiempo y su energí­a a luchar contra la injusticia que se oculta detrás de esos muros. Gente que dedica su vida a mantener esos muros, a privar a otros/as de su libertad, gente que se hace rica a su costa.

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Y una sociedad que mira hacia otro lado, que lo legitima, que se beneficia, que voluntaria o involuntariamente participa en su engranaje. Podrí­amos estar hablando de cualquier cárcel. Podrí­amos estar hablando de cualquier centro de explotación animal. Ni estos lugares son tan diferentes entre sí­, ni robarle la libertad a individuos humanos es tan diferente de robársela a individuos de otras especies. Las vivencias de unos/as y otros/as son muy parecidas; los valores que perpetúan su opresión y su encierro son los mismos. Y una jaula, siempre es una jaula.